Puntos clave antes de pedir presupuesto
- Un envase de vidrio apto para halal o kosher no se define solo por el material del cuerpo: cuentan la junta, el revestimiento interior, los lubricantes de molde y la línea en la que se produce.
- El vidrio en sí (soda-lime, flint o ámbar) es inerte y no tiene origen animal; el riesgo real está en los componentes auxiliares y en la contaminación cruzada durante el proceso.
- La certificación se concede por planta y por lote, con trazabilidad documentada; conviene fijar el alcance exacto antes de la primera producción, no después.
- Oriente Medio, Norte de África e Israel exigen etiquetado en idioma local en muchos casos, y determinadas declaraciones solo pueden imprimirse si están respaldadas por el certificado.
Qué convierte un envase de vidrio en apto para halal o kosher
Cuando un comprador de alimentos, bebidas o cosmética pregunta por «envases certificados halal y kosher», casi siempre está pensando en el producto que va dentro, pero la decisión real se toma en el envase. El vidrio es un material inorgánico obtenido por fusión de arena de sílice, carbonato de sodio y caliza a temperaturas muy altas; no contiene gelatina, sebo, hueso ni ningún otro insumo de origen animal, y por tanto el cuerpo del recipiente no plantea por sí mismo ninguna objeción desde el punto de vista religioso. El problema aparece cuando el envase deja de ser solo vidrio y pasa a ser un sistema: tapa, junta de estanqueidad, revestimiento interno, tintas de decoración, adhesivos de etiqueta y lubricantes de desmoldeo. Ahí es donde un envase que parecía neutro puede convertirse en no conforme.
Por eso, cuando hablamos de envases certificados halal y kosher nos referimos a un conjunto de decisiones verificables: qué materiales auxiliares se usan, cómo se limpian las líneas, cómo se separan los lotes y qué documentos acompañan a cada entrega. El vidrio, al ser químicamente estable y no poroso, es una base excelente porque no retiene residuos ni absorbe olores; su superficie se limpia con facilidad y no favorece la migración de sustancias. Eso hace que un envase de vidrio sea, en igualdad de condiciones, más fácil de certificar que muchos envases plásticos multicapa, donde el número de aditivos y capas complica el análisis.
Para un importador en Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Egipto, Marruecos, Turquía o Israel, el envase es parte del expediente de conformidad del producto. Un tarro de mermelada, un frasco de miel, un bote de conservas vegetales o una botella de aceite de oliva pueden tener el contenido perfectamente apto y, sin embargo, quedar bloqueados en aduana o en el lineal por una junta no declarada, una tinta con un componente cuestionado o una etiqueta que promete una certificación que la planta no tiene. Nuestro enfoque es trabajar el envase y su documentación como un único paquete, con el cliente y con la planta que produce.
Materiales auxiliares: juntas, revestimientos, tintas y lubricantes
El elemento que con más frecuencia genera dudas es la junta de la tapa. En tapones metálicos tipo twist-off para conservas y mermeladas, la junta es habitualmente un compuesto de PVC plastificado (PVC-Plastisol); en tapones de rosca de bebidas suele haber una lámina o un compuesto de sellado. Estos materiales son de origen sintético y no animal, pero el fabricante del cierre debe poder declarar su composición y confirmar que no se ha utilizado ningún aditivo de origen porcino ni un portador alcohólico prohibido. La clave no es la marca del cierre, sino la trazabilidad del compuesto hasta el fabricante.
El revestimiento interior es el segundo punto sensible. En envases para productos cosméticos, aceites esenciales o formulaciones con pH extremo puede aplicarse un recubrimiento interno de tipo epoxy o similar para proteger el contenido o evitar la interacción con el vidrio. Aquí conviene preguntar explícitamente por el disolvente o vehículo del recubrimiento: algunos sistemas incluyen alcoholes como vehículo de aplicación, y aunque el residuo final sea insignificante, determinadas autoridades halal exigen que se declare. Si el proyecto admite vidrio sin recubrimiento, la vía se simplifica de forma notable.
Las tintas de serigrafía y esmaltado, junto con los adhesivos de etiqueta, son un tercer foco. Una etiqueta autoadhesiva lleva adhesivo y laminado; una serigrafía lleva tinta y un ciclo de curado térmico. Ninguno de estos componentes debería tener origen animal, pero la declaración debe cubrir el producto terminado, no solo el vidrio. En la práctica, el camino más limpio es que el cliente reciba, junto a la ficha técnica del envase, una ficha de los materiales auxiliares que entran en contacto o se aplican sobre la superficie destinada al contenido. Esto reduce el trabajo del departamento de calidad del importador y acelera la aceptación del lote.
Por último, los lubricantes de molde y los agentes de desmoldeo usados en la máquina de conformado son una pregunta habitual de los auditores. En máquinas IS (individual section) el vidrio se conforma con aire comprimido y contacto con moldes metálicos; puede existir una fina película de lubricante en el molde. Un proveedor preparado documenta qué lubricante usa y su composición, o confirma que la línea trabaja sin lubricantes de origen animal. Este nivel de detalle es el que separa a un proveedor que ya ha exportado a estos mercados de uno que responde «el vidrio es inerte» y no va más allá.

Sin origen porcino y sin portadores alcohólicos: dónde está el riesgo real
En la práctica, las dos preguntas que más veces frenan un proyecto son exactamente estas dos. La primera, si algún componente del envase o de sus auxiliares contiene derivados porcinos: gelatina como agente de encapsulación, ciertos desmoldantes, algunos adhesivos de base animal o determinados lubricantes. La respuesta habitual en envases de vidrio para alimentación es que no, pero debe quedar escrita y firmada por el fabricante del componente, no solo transmitida verbalmente por un comercial.
La segunda pregunta es si existe un portador alcohólico en algún tratamiento de superficie, recubrimiento o tinta. En halal, el alcohol etílico es un punto de debate entre escuelas y entre organismos certificadores; algunas autoridades lo admiten en cantidades traza dentro de un envase que no se consume, otras prefieren evitarlo por completo. Dado que el envase no se ingiere, la mayoría de esquemas se centran en que no haya transferencia al alimento por encima de los límites de migración aplicables; aun así, para productos sensibles conviene optar por soluciones sin alcohol y documentarlo, porque así el expediente sirve para el mayor número posible de mercados.
También conviene separar dos escenarios que a veces se confunden: el envase vacío y el envase ya llenado. Un tarro vacío que se exporta como artículo de menaje no requiere el mismo tratamiento documental que un tarro que va a contener un alimento y se venderá certificado. En el segundo caso, el certificado del producto final suele recaer sobre la marca que envasa, y esta necesita que su proveedor de envases le entregue las declaraciones que respalden la cadena. Por eso recomendamos decidir pronto quién asume qué parte del expediente: el fabricante de vidrio y cierres aporta declaraciones de materiales; el envasador aporta el certificado de producto. Si esta división no queda clara, el proyecto se atasca justo antes del lanzamiento.
Aislamiento de lotes y trazabilidad en planta
La trazabilidad es el corazón de cualquier auditoría halal o kosher. Un envase «certificado» que no puede vincularse a un lote concreto, producido en una ventana de tiempo concreta, con unos materiales concretos, no es verificable y por tanto no sirve. Lo que pide un auditor es poder responder a tres preguntas: qué se produjo, cuándo y con qué. En vidrio, esto es relativamente sencillo porque el proceso es continuo y discreto a la vez: el vidrio fundido sale del horno de forma continua, pero los envases se forman, se recuecen y se paletizan en lotes identificables.
El aislamiento de lote significa que una producción destinada a un cliente halal no se mezcla físicamente con producción destinada a otro fin durante el empaquetado y el almacenaje. Esto se consigue con una secuencia de producción dedicada, con limpieza entre referencias y con un etiquetado de palet que permita reconstruir el recorrido. Cuando un cliente pide numerosos formatos pequeños, el aislamiento se complica porque hay muchos cambios de referencia; por eso, en proyectos con exigencia religiosa, es habitual agrupar referencias y planificar campañas más largas aunque el volumen por formato sea menor.
La trazabilidad no termina en la planta de vidrio. Si el cierre se compra a un tercero, hay que trazar también ese lote; si la etiqueta la aplica el cliente, hay que documentar el adhesivo. En proyectos de exportación a mercados con exigencia documental, nuestra recomendación es construir una ficha de lote que reúna: referencia del envase, fecha de producción, número de palets, referencia del cierre, referencia del compuesto de junta y declaraciones de material asociadas. Esta ficha es la que el importador enseña a su cliente o a la autoridad cuando hay una pregunta, y es la que evita que un contenedor quede retenido por una duda que se podría haber resuelto con un documento.
Formatos y capacidades habituales para estos mercados
Los mercados halal y kosher no piden formatos exóticos, pero sí tienen preferencias claras según la categoría. En alimentación, los tamaños más habituales son frascos y tarros de 200 a 500 ml para mermeladas, miel, conservas y untables, y botellas de 250 ml a 1 l para aceites, vinagres, salsas y bebidas. En cosmética y cuidado personal, predominan los frascos de 30 a 200 ml y los envases de mayor capacidad para geles y lociones. La elección entre uno y otro no es solo estética: condiciona el tipo de cierre, el sistema de llenado y el coste logístico.
En general, cuando el proyecto busca certificación, es mejor elegir un formato que ya exista en catálogo con su cierre homologado que diseñar un molde nuevo. Un molde existente tiene su boca y su cierre probados, su tolerancia dimensional definida y, a menudo, su documentación de materiales ya preparada. Un molde nuevo obliga a validar de nuevo boca, cierre, junta y comportamiento en línea, y añade tiempo al proyecto. Para un primer lanzamiento en un mercado con requisitos documentales, la vía de catálogo suele ser la más rápida y la de menor riesgo, siempre con la condición de que el cierre elegido permita las declaraciones necesarias.
La capacidad debe declararse con su tolerancia, porque en vidrio la capacidad real nunca es exactamente la nominal. Un tarro marcado como 370 ml puede tener una capacidad real ligeramente distinta según la altura de llenado, y esa diferencia importa para el etiquetado de cantidad neta y para las declaraciones de contenido. Para el comprador, lo relevante es fijar en la especificación la capacidad nominal, la capacidad hasta el borde (a ras) y la capacidad de llenado recomendada, y verificar que el llenador trabaja dentro de esa banda.
| Tipo de certificación | Alcance habitual en vidrio | Requisitos de material y proceso | Documentación asociada |
|---|---|---|---|
| Halal | Envase y cierre para alimentos y bebidas destinados a mercados de mayoría musulmana | Sin componentes de origen porcino; ausencia de portadores alcohólicos prohibidos; aislamiento de lote | Declaración de materiales del envase y del cierre; ficha de lote; certificado de planta cuando aplica |
| Kosher | Envase y cierre para alimentos, con foco en ausencia de mezcla y en utensilios | Materiales sin origen animal no admitido; limpieza de líneas; separación de producción | Declaración de materiales; certificado del envasador; trazabilidad de lote |
| Combinada halal y kosher | Proyectos que sirven a varios mercados con un mismo envase | Se aplica el criterio más restrictivo de ambos esquemas; materiales neutros | Doble declaración; expediente único de lote reutilizable |
| Contacto alimentario (base) | Cualquier envase destinado a contener alimento | Inertes conformes al marco europeo de materiales en contacto con alimentos | Declaración de conformidad; informe de migración cuando se solicita |
| A confirmar según el proyecto | Alcance específico exigido por el importador o la autoridad local | Definido caso por caso con el cliente y la planta | Se acuerda con el cliente antes de producir |
Boca, cierre y compatibilidad con líneas de llenado
La boca del envase determina qué cierre es posible y, por extensión, qué junta lleva ese cierre y qué declaraciones hay que pedir. Un tarro con boca twist-off admite tapones metálicos con junta plastificada; una botella con boca tipo corona admite chapa y una junta de sellado distinta; una botella con boca roscada admite tapones de rosca con lámina interior o con junta de diferente composición. Cada combinación arrastra su propio expediente de materiales, así que la primera decisión técnica —boca y cierre— condiciona todo lo demás. Ver el detalle de acabados y cierres disponibles en la página de boca y tipo de cierre de vidrio ayuda a fijar esta decisión antes de pedir muestras.
La compatibilidad con la línea de llenado es igual de importante en estos proyectos. Si el envase va a llenarse caliente, la junta y el cierre deben soportar la temperatura del ciclo; si el envase se esteriliza, la combinación vidrio-cierre debe resistir el tratamiento sin perder estanqueidad. Un cierre que funciona bien en frío puede no ser el adecuado en un proceso de pasteurización, y cambiar de cierre puede obligar a cambiar de junta y, con ello, de documentación. Por eso conviene indicar desde el principio el proceso de llenado y conservación, no solo el producto.
Otro punto práctico es el par de apriete. Un cierre demasiado flojo pierde estanqueidad; uno demasiado apretado daña la junta y puede agrietar el borde de la boca. En tapones de rosca, el fabricante del cierre suele indicar un rango de par; en tapones twist-off, la verificación se hace por vacío y por integridad de la junta. Estos parámetros se definen con la línea de llenado y se validan con muestras, no con la ficha sola. Para el comprador, lo relevante es que el envase entregado mantenga su boca dentro de tolerancia, porque una boca fuera de tolerancia hace inútil cualquier ajuste del cabezal de cierre.
Decoración, etiquetado bilingüe y declaraciones
La decoración es el punto donde una decisión estética puede convertirse en un problema documental. Si el envase lleva serigrafía o esmaltado, hay que declarar la tinta y su ciclo de curado como material aplicado sobre una superficie que puede entrar en contacto indirecto con el contenido si la zona decorada está próxima a la boca. Si el envase lleva etiqueta, hay que declarar el adhesivo y el laminado. En proyectos halal y kosher, la práctica recomendada es mantener la decoración alejada de la zona de llenado y usar tintas y adhesivos de composición declarada.
En cuanto al etiquetado bilingüe, muchos países de Oriente Medio y Norte de África exigen que la información obligatoria aparezca en árabe, a menudo junto al idioma local o al inglés. Israel trabaja habitualmente con hebreo y árabe, además del idioma de origen del producto. Esto tiene una consecuencia práctica para el diseño: el espacio de etiqueta necesario aumenta, y con él el tamaño mínimo de etiqueta que cabe en el envase. Elegir un envase demasiado pequeño puede hacer imposible colocar toda la información legal en los idiomas exigidos, así que el formato y el contenido de la etiqueta deben decidirse juntos. Encontrará criterios de aplicación en la página de etiquetado y serigrafía de botellas.
Sobre las declaraciones, hay una regla que conviene repetir: solo se puede imprimir una mención de certificación —un logotipo, un símbolo o un texto— si está respaldada por el certificado correspondiente y si el organismo autoriza su uso en el envase. Muchos importadores imprimen el símbolo antes de tener el certificado cerrado y luego descubren que el símbolo debe ir acompañado de un número o de una mención concreta. La solución es sencilla: dejar el espacio de la declaración reservado en el diseño, sin imprimirlo, hasta que el expediente esté cerrado. Así se evita reimprimir etiquetas y, sobre todo, se evita retirar producto del mercado por una mención no autorizada.

Documentación, organismos y alcance de la certificación
Los organismos de certificación halal y kosher son numerosos y no existe uno único reconocido universalmente; algunos países exigen un organismo acreditado localmente. Entre los esquemas citados con frecuencia en expedientes internacionales aparecen entidades de certificación halal de alcance regional y organismos kosher de reconocimiento amplio, pero cada importador suele tener su lista de entidades admitidas. Por eso, la primera pregunta que conviene hacer al cliente no es «¿quieres certificado?», sino «¿qué organismo acepta tu autoridad y tu distribuidor?». La respuesta define el resto del proyecto.
En cuanto a los documentos que suelen acompañar a un envío, el paquete habitual incluye: declaración de materiales del envase, declaración de materiales del cierre y de la junta, ficha de lote con fechas y referencias, y el certificado del envasador o de la planta cuando el esquema lo exige. No publicamos números de certificado ni códigos concretos, porque dependen de la planta y del proyecto: se facilitan por escrito, caso por caso, cuando el alcance queda definido con el cliente. Cualquier proveedor que prometa un número de certificado antes de conocer el proyecto está improvisando.
El alcance es la parte que más malentendidos genera. Un certificado puede cubrir una categoría de producto, una planta concreta, una línea concreta o un rango de referencias. Si el cliente cambia de formato, de cierre o de planta, el alcance puede quedar fuera y hay que ampliarlo. Por eso recomendamos decidir desde el principio si el proyecto va a ser estable —un formato, un cierre, un mercado— o si va a crecer; en el segundo caso, conviene buscar un esquema con alcance amplio y una planta acostumbrada a mantener expedientes vivos. Sobre la red de plantas y su capacidad documental puede consultarse la página de red de fábricas asociadas.
Finalmente, hay que recordar que la certificación no exime de cumplir la normativa general de materiales en contacto con alimentos. El marco europeo de materiales en contacto con alimentos y sus normas de migración siguen aplicándose con independencia del certificado religioso, y muchos importadores solicitan ambas declaraciones. Un proveedor organizado entrega las dos en el mismo idioma y con el mismo nivel de detalle, lo que simplifica enormemente el trabajo de recepción de mercancía.
Rutas de exportación: Oriente Medio, Norte de África e Israel
Los tres destinos tienen perfiles distintos y conviene prepararlos por separado. Los países del Golfo (Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Catar, Kuwait, Omán, Baréin) suelen tener normas de etiquetado exigentes, controles de conformidad en frontera y una fuerte demanda de envases de vidrio para mermeladas, miel, dátiles, conservas y cosmética. Arabia Saudí exige habitualmente certificado halal para productos de origen animal, y aunque el vidrio vacío no lo requiera, el producto final sí, de modo que el envase debe encajar en el expediente del envasador.
El Norte de África —Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto— combina una industria alimentaria potente con requisitos documentales variables y una sensibilidad fuerte al coste logístico. Aquí el envase de vidrio compite con alternativas y el comprador valora la relación entre resistencia, peso y aprovechamiento del contenedor. Un envase bien optimizado en peso reduce el coste por unidad transportada, y eso puede pesar más que un pequeño ahorro en el precio unitario. La documentación halal se exige sobre todo en el producto final, y suele gestionarse localmente.
Israel es un mercado con un esquema kosher muy desarrollado y una industria alimentaria y cosmética exigente. La certificación kosher suele recaer sobre el producto, y el fabricante de envases aporta declaraciones de materiales; el etiquetado combina hebreo, árabe y a menudo inglés o ruso. Para importadores israelíes, la trazabilidad de lote y la claridad de las declaraciones de material son tan importantes como el precio, porque su mercado es especialmente sensible a cualquier incidencia de conformidad.
En los tres casos, la recomendación logística es la misma: planificar el paletizado y la carga para maximizar la ocupación sin comprometer la resistencia, y prever la merma por rotura en el cálculo del coste aterrizado. Un envase con la boca y el cierre correctos, pero con un palet mal formado, llega con más roturas que un envase algo más pesado bien estibado. Sobre esta parte del proyecto se puede consultar la página de tarros para conservas y encurtidos, donde se tratan formatos y aplicaciones similares.

Cómo fijar el proyecto y qué pedir antes de producir
El orden correcto de decisiones es este: primero, qué producto va dentro y en qué mercado se va a vender; segundo, qué boca y cierre son compatibles con ese producto y ese proceso; tercero, qué materiales auxiliares se necesitan y qué declaraciones puede aportar cada fabricante; cuarto, qué organismo acepta el cliente; quinto, qué formato y capacidad encajan en el etiquetado exigido. Si se altera este orden —por ejemplo, eligiendo el envase antes de saber el cierre— el proyecto suele volver atrás más adelante, con coste de tiempo y de muestras.
Antes de producir, conviene cerrar por escrito: la referencia del envase y su ficha técnica, la referencia del cierre, la composición declarada de la junta, la capacidad nominal y la de llenado, el proceso de llenado previsto y el organismo de certificación objetivo. Con esos seis puntos, la planta puede planificar el aislamiento de lote y la documentación, y el importador puede preparar su expediente sin sorpresas. Todo lo que no esté cerrado será motivo de consulta durante la producción y, probablemente, de retraso.
Sobre volúmenes, plazos y precios, nuestra postura es clara: se confirman según el proyecto. Los mínimos de pedido, los plazos de producción y las condiciones dependen del formato, del cierre, del tipo de decoración y del destino, y publicar cifras genéricas llevaría a decisiones equivocadas. Enviamos propuesta concreta cuando conocemos el producto, el formato, el volumen estimado y el mercado. Si necesita orientación previa, puede escribirnos desde la página de contacto indicando estos datos y le responderemos con una ruta de proyecto.
Para proyectos que combinan envase, cierre y decoración con requisitos documentales, es útil revisar también los criterios generales de frascos de vidrio y sus aplicaciones, disponibles en frascos de vidrio personalizados. Ahí se explican las familias de tarros y sus usos, que sirven de base para elegir el formato antes de entrar en el detalle de materiales y certificaciones.
Errores frecuentes en proyectos con certificación halal y kosher
El primer error es asumir que el vidrio, por ser inerte, resuelve toda la certificación. Ya lo hemos dicho: el vidrio es un punto de partida excelente, pero el expediente se cierra con cierres, juntas, tintas y adhesivos. El segundo error es dejar la decisión del organismo certificador para el final, cuando el importador ya ha diseñado el etiquetado. Cambiar de organismo a mitad de proyecto puede obligar a cambiar declaraciones y, en ocasiones, materiales.
El tercer error es olvidar el aislamiento de lote. Un proyecto perfectamente documentado puede caer en una auditoría si la producción no está separada y no puede reconstruirse. El cuarto es confundir la certificación del envase con la del producto: el certificado que el comprador final ve suele estar a nombre del envasador, y el proveedor de envases solo aporta las piezas que lo sostienen. El quinto, muy común, es imprimir símbolos y menciones antes de tener el certificado cerrado, con el consiguiente gasto en etiquetas y el riesgo de retirada.
Evitar estos errores no exige un equipo enorme, sino un orden de decisiones y una lista de documentos acordada desde el principio. Un proveedor experimentado en exportación a estos mercados conoce el orden y puede guiar el proyecto; un proveedor sin experiencia responderá a cada pregunta por separado y dejará los huecos para el final. La diferencia se nota, sobre todo, cuando aparece la primera incidencia y hay que demostrar trazabilidad en cuestión de horas.
Preguntas frecuentes sobre envases certificados halal y kosher
¿El vidrio necesita certificación halal o kosher por sí mismo?
El vidrio es un material inorgánico sin componentes de origen animal, por lo que el cuerpo del envase no requiere certificación religiosa en sí mismo. Lo que sí debe declararse son los materiales auxiliares —junta del cierre, revestimiento interior, tintas y adhesivos— y garantizar que no hay contaminación cruzada. El certificado suele recaer sobre el producto envasado o sobre la planta, según el esquema que exija el importador.
¿La junta del tapón contiene componentes de origen animal?
Las juntas habituales de tapones twist-off y de rosca se fabrican con compuestos sintéticos —por ejemplo PVC plastificado o láminas de sellado— y no con materiales de origen animal. Aun así, la declaración debe venir del fabricante del cierre y cubrir el compuesto completo, incluidos aditivos. Si el proyecto lo exige, se solicita la declaración expresa de ausencia de componentes de origen porcino y de portadores alcohólicos prohibidos.
¿Podemos usar un envase con revestimiento interior epoxy?
Sí, siempre que el fabricante del recubrimiento declare su composición y el vehículo de aplicación. Algunos sistemas de recubrimiento usan alcoholes como vehículo, y determinadas autoridades halal piden que se declaren aunque el residuo final sea mínimo. Cuando el producto lo permite, trabajar sin recubrimiento simplifica el expediente. La decisión se toma con el cliente según el contenido y el mercado destino.
¿Cuánto cuesta la certificación y cuánto tarda?
El coste y el plazo dependen del organismo, del alcance y de la planta que produce, por lo que se confirman según el proyecto. No publicamos cifras genéricas ni números de certificado porque inducirían a error. Lo que sí podemos adelantar es el orden de trabajo: definir el organismo aceptado por el cliente, revisar materiales auxiliares, cerrar el aislamiento de lote y preparar la documentación antes de la primera producción.
¿Se puede exportar el mismo envase a mercados halal y kosher a la vez?
Sí, y es una práctica habitual, porque el vidrio es neutro y el trabajo se concentra en los materiales auxiliares. La vía más eficiente es aplicar el criterio más restrictivo de ambos esquemas y construir un expediente único de lote reutilizable para los dos destinos. Esto reduce duplicidades documentales y facilita la gestión de inventario cuando un mismo formato sirve a varios clientes.
¿Qué información debe aparecer en el etiquetado para estos mercados?
Además de la información obligatoria general —denominación, cantidad neta, ingredientes, origen y datos del responsable—, muchos países de Oriente Medio y Norte de África exigen el árabe, e Israel combina hebreo y árabe. El espacio adicional obliga a elegir un envase con superficie de etiqueta suficiente. Cualquier mención o símbolo de certificación solo puede imprimirse si está respaldado por el certificado y autorizado por el organismo.
¿Cómo se gestiona la trazabilidad de una producción para estos mercados?
Mediante una ficha de lote que reúna referencia del envase, fecha de producción, número de palets, referencia del cierre y del compuesto de junta, y las declaraciones de material asociadas. El aislamiento físico de la producción evita mezclas durante el empaquetado y el almacenaje. Con esta ficha, el importador puede responder a cualquier consulta de su cliente o de la autoridad en cuestión de horas.