Puntos clave
- El vino ecológico y el vino sin sulfitos añadido comparten un mismo problema de envase: menos SO₂ significa menos margen de error frente al oxígeno, y ese margen se recupera con vidrio más grueso y con un cierre perfectamente hermético.
- La certificación ecológica (CAAE, hoja verde de la Unión Europea, Demeter) no cambia la forma de la botella, pero sí cambia el etiquetado, la trazabilidad por lote y la documentación que el importador debe conservar.
- El color del vidrio, el espesor de la pared, la masa del culote y la calidad del tapón son las cuatro palancas reales que protegen un vino con sulfitos muy bajos.
- Los mínimos, utillaje, plazos y certificados concretos de cada proyecto se confirman siempre según el proyecto, nunca antes de recibir el pliego de condiciones.
El vino ecológico dejó de ser una curiosidad de nicho para convertirse en una de las categorías que más crece en las bodegas españolas y en las importaciones de América Latina. En España, la superficie de viñedo ecológico se ha multiplicado en pocos años y hoy es una de las más extensas del mundo; en México, Chile, Perú y Argentina el consumidor reconoce cada vez mejor el sello ecológico, y en Estados Unidos el mercado hispanohablante compra vino ecológico español como un producto de valor. Detrás de ese crecimiento hay un problema técnico que no aparece en la etiqueta: cuando se reduce el anhídrido sulfuroso, el envase se convierte en el principal sistema de conservación del vino.
Ese es el punto de partida de este artículo. No vamos a hablar de viticultura ni de fermentación, sino de la decisión de envase que acompaña a un vino ecológico o sin sulfitos añadido: qué botella, con qué vidrio, con qué cierre y con qué controles de llenado. Importadores, distribuidores, bodegas que preparan una marca propia y plantas de envasado por cuenta encuentran aquí los criterios que se aplican antes de pedir muestras, homologar un proveedor o firmar un pedido en firme. Todo lo que sea mínimo de pedido, precio, capacidad de producción o certificado concreto se confirma según el proyecto, porque cada bodega y cada mercado tienen requisitos distintos.
Vino ecológico y sin sulfitos: qué exige realmente el envase
Un vino convencional se apoya en el SO₂ para frenar la oxidación y la actividad microbiológica. Cuando ese SO₂ baja o desaparece, el vino queda expuesto a dos enemigos que el envase puede controlar en buena medida: el oxígeno disuelto y disuelto tras el llenado, y la luz que acelera las reacciones de oxidación. El envase de vidrio es la única barrera total frente al oxígeno que existe en el mercado; ningún material plástico iguala su estanqueidad, y por eso el vidrio es el envase de referencia para esta categoría. Para situar esta página dentro de la familia completa de envases vinícolas conviene revisar también el catálogo de botellas de vino al por mayor, que sirve de base a cualquier variante ecológica.
Sin embargo, no todas las botellas de vidrio son iguales para este uso. Un vino con sulfitos muy bajos tolera menos el microoxigenación a través del cierre, menos el oxígeno residual en el espacio de cabeza y menos las variaciones de temperatura durante el transporte. La respuesta práctica combina tres elementos: un vidrio algo más grueso que el de un vino corriente equivalente, un cierre con una prestación de barrera alta y verificada, y un llenado con control explícito del oxígeno disuelto y del espacio de cabeza.
El vidrio más grueso tiene dos efectos. El primero es mecánico: la pared y el culote más macizos absorben mejor los golpes de la línea y del transporte, y reducen el riesgo de rotura cuando la botella viaja en contenedor marítimo. El segundo es óptico y térmico: una pared más gruesa y con color protege mejor el vino de la radiación visible y ultravioleta, que en un vino sin sulfitos es un factor de oxidación mucho más importante. Un vidrio delgado y muy claro, en cambio, deja pasar la luz y acelera el envejecimiento prematuro.
Certificación ecológica: CAAE, hoja verde europea y Demeter
La certificación ecológica no es un adorno comercial; condiciona el proyecto de envase en varios puntos concretos. En España, el organismo más conocido por el consumidor es el CAAE (Comité Andaluz de Agricultura Ecológica), aunque existen otros consejos y entidades de certificación reconocidas por la autoridad competente. En el conjunto de la Unión Europea, el producto orgánico lleva la conocida hoja verde, el logotipo de producción ecológica de la UE. En el segmento biodinámico, la referencia es Demeter, con sus propias exigencias de manejo y de documentación.
¿Qué implica esto para el envase? En primer lugar, la trazabilidad. Un vino ecológico debe poder seguirse desde el lote de uva hasta la partida envasada, y eso obliga a registrar el lote de botellas, el lote de tapones y el lote de etiquetas de forma independiente. En segundo lugar, la conformidad de los materiales en contacto con el alimento: el vidrio, el tapón, la cápsula y la tinta de serigrafía deben cumplir el marco europeo de materiales en contacto con alimentos, en particular el reglamento (UE) 10/2011 y su régimen de declaraciones de conformidad. En tercer lugar, la coherencia de la comunicación: si el vino se declara ecológico, el número de operador y el organismo de control deben aparecer correctamente y ser verificables.
Para el importador de América Latina, la certificación europea es un argumento de venta, pero también un requisito documental. México aplica sus propias exigencias sanitarias y de etiquetado, y Chile, Perú o Colombia tienen procedimientos sanitarios propios. Antes de cerrar un pedido conviene acordar qué documentos acompañan cada lote: certificado del operador, declaración de conformidad de materiales, análisis del vino y ficha técnica de la botella y del cierre.

Una partida de botellas destinada a vino ecológico debe trazarse por lote, igual que el propio vino.
SO₂ bajo o cero: por qué el vidrio debe ser más grueso
Cuando el SO₂ baja, la curva de oxidación se vuelve más sensible a cualquier entrada de oxígeno. En la práctica hay tres puertas de entrada: el oxígeno disuelto que queda en el vino tras el llenado, el oxígeno del espacio de cabeza entre el vino y el tapón, y el oxígeno que atraviesa lentamente el cierre durante el almacenamiento. El vidrio no aporta oxígeno y no lo deja pasar, de modo que su papel es mantener encerrado el vino para que esas tres puertas se puedan cerrar bien.
Un vidrio más grueso aporta además una ventaja poco comentada: la estabilidad del color en tintos jóvenes y en rosados, y la estabilidad de los aromas varietales en blancos. En un vino sin sulfitos, un blanco joven expuesto a la luz puede adquirir notas de manzana pasada y un color dorado prematuro en pocas semanas; el mismo vino en vidrio teñido y con pared gruesa resiste mucho mejor el transporte marítimo y las bodegas mal acondicionadas. Ese detalle decide si el cliente final repite la compra.
El espesor se traduce en gramos. Una botella de vino ecológico que deba llevar vidrio reforzado pesa más que su equivalente estándar, y ese peso adicional debe tenerse en cuenta en tres sitios: el cálculo del palé, el coste del flete y la ergonomía del lineal. No se trata de maximizar el peso, sino de elegir una botella que ofrezca la resistencia necesaria sin disparar el coste logístico. Aquí es donde entra el trabajo conjunto entre bodega y proveedor de vidrio.
Cierre hermético y control de oxígeno en el llenado
El cierre es la pieza que decide la vida útil de un vino con sulfitos muy bajos. Un tapón de corcho natural ofrece la mejor percepción de calidad en vinos de guarda, pero su variabilidad de permeabilidad obliga a seleccionar calibres y a analizar por lotes. Un tapón técnico o un tapón microaglomerado con control de permeabilidad permite obtener prestaciones más homogéneas, muy adecuadas para vinos ecológicos de consumo relativamente rápido. Y en vinos de consumo inmediato o de precio competitivo, el tapón de rosca ofrece una estanqueidad muy alta y una apertura cómoda, siempre que el cliente lo acepte como parte de la imagen del producto.
En cualquiera de los casos, la elección de cápsula, arandela y remate debe coordinarse con el catálogo general de tapones y tapas para vidrio, para que el conjunto botella-cierre funcione como un solo sistema. Sea cual sea el cierre elegido, el llenado debe controlarse con oxígeno en mente. El llenado isobárico o con inertización por nitrógeno o CO₂, el ajuste fino del nivel en el cuello y la medición de oxígeno disuelto y de oxígeno total en el espacio de cabeza son prácticas habituales en bodegas que trabajan vino ecológico. Un taponado a vacío parcial, un espacio de cabeza excesivo o una temperatura de llenado demasiado alta pueden arruinar el trabajo de toda una añada.
El diámetro de la boca y el tipo de remate del cuello también importan. Una boca con remate de corona, un cuello bordelesa estándar o un cuello borgoña más ancho implican utillaje de taponado distinto y velocidades distintas en la línea. Cuando la bodega ya tiene una línea de llenado, la botella debe elegirse compatible con esa línea; cuando la línea aún no existe, la libertad es mayor, pero conviene pensar en el futuro y evitar formatos exóticos que limiten el proveedor en los próximos años.
Denominaciones de origen: Rioja, Ribera del Duero y Priorat
La denominación de origen condiciona la imagen y, a veces, la propia botella. Rioja es la referencia más conocida fuera de España y su botella bordelesa de hombros marcados es un estándar reconocible por el consumidor. Ribera del Duero comparte buena parte de ese lenguaje de envase, con botellas de hombros amplios y colores profundos que transmiten estructura. Priorat, con su paisaje de pizarra y sus vinos concentrados, suele presentarse en botellas pesadas y de color muy oscuro que refuerzan la percepción de calidad.
Para un vino ecológico, la denominación aporta un reconocimiento inmediato al importador y al comprador final, pero también añade exigencias. Cada consejo regulador define los rendimientos, los periodos de crianza y, en ocasiones, los formatos autorizados. Un vino con la mención «ecológico» dentro de una denominación de origen debe cumplir a la vez las reglas del pliego ecológico y las del pliego de la denominación, y esa doble conformidad debe reflejarse en la documentación del lote.
Más allá de las denominaciones clásicas, muchas bodegas elaboran vino ecológico bajo la indicación «Vino de España» o bajo una indicación geográfica protegida de ámbito más local. En esos casos, la botella tiene más libertad y el diseño puede diferenciarse con vidrio teñido, formas originales o acabados esmerilados. Es una oportunidad para marcas jóvenes que quieren construir una identidad visual propia sin renunciar al mensaje ecológico.

La combinación de vidrio teñido y cierre de alta barrera sostiene la estabilidad de un vino con SO₂ muy bajo.
Tabla de referencia: tipo de vino ecológico, botella y cierre
La siguiente tabla resume, para las familias de vino ecológico y sin sulfitos más habituales en el comercio internacional, la relación entre el tipo de vino, el formato y el vidrio recomendados, el cierre que mejor encaja y el uso al que se destina cada combinación. Es una guía de trabajo, no una regla cerrada: la elección final depende del análisis del vino, del mercado y del canal.
| Tipo de vino ecológico | Formato y vidrio | Cierre recomendado | Conservación | Canal o uso |
|---|---|---|---|---|
| Tinto ecológico joven sin sulfitos añadidos | 0,75 l bordelesa, vidrio teñido de pared gruesa | Tapón técnico de permeabilidad controlada | Consumo en 12 a 24 meses, bodega fresca | Retail, vino de mesa, hostelería |
| Tinto ecológico de crianza | 0,75 l bordelesa pesada, culote macizo | Corcho natural seleccionado | Guarda de 3 a 8 años | Tienda especializada, restaurante |
| Tinto ecológico de guarda de denominación | 0,75 l y magnum de 1,5 l, vidrio muy teñido | Corcho natural de calibre alto | Guarda larga, evolución lenta | Coleccionista, alta restauración |
| Blanco ecológico joven y floral | 0,75 l borgoña o bordelesa clara, vidrio con filtro UV | Tapón de rosca o tapón técnico | Consumo en 12 a 18 meses | Retail, hostelería, terraza |
| Blanco ecológico fermentado en barrica | 0,75 l borgoña, vidrio grueso | Corcho natural o técnico premium | Guarda de 2 a 5 años | Restauración, tienda gourmet |
| Rosado ecológico con sulfitos muy bajos (véase vinos rosados y clarete) | 0,75 l provenzal, vidrio teñido claro o con filtro UV | Tapón de rosca o técnico | Consumo en menos de 12 meses | Retail, consumo de verano |
| Espumoso ecológico y cava ecológica | 0,75 l de vidrio reforzado para presión | Corcho de champaña con muselet | Guarda de 2 a 6 años | Celebración, retail, hostelería |
| Vino ecológico biodinámico Demeter | 0,75 l bordelesa o borgoña, vidrio teñido | Corcho natural certificado | Guarda media y larga | Tienda especializada, exportación premium |
| Vino ecológico sin alcohol o desalcoholizado | 0,75 l bordelesa o 0,5 l, vidrio grueso | Tapón de rosca o técnico de alta barrera | Consumo en 12 meses, protegido de la luz | Retail, canal salud, hostelería |
| Vino ecológico a granel para marca propia | 0,75 l estándar, vidrio decidido por la marca | Según posicionamiento de la marca | Según vida útil definida en el pliego | Marca propia, distribución, mayorista |
Formatos y pesos: 0,75 l, magnum y otras capacidades
El formato de 0,75 litros es el estándar absoluto del vino en el mercado internacional, y cualquier proyecto de vino ecológico debe partir de él salvo que exista una razón fuerte para hacer otra cosa. Sobre esa base, el magnum de 1,5 litros se ha consolidado como el formato de regalo y de restauración, con una evolución más lenta del vino por la menor relación entre oxígeno y volumen. Un magnum bien cerrado puede guardar un tinto ecológico de guarda durante muchos más años que la misma botella de 0,75 litros.
Por encima del magnum aparecen los formatos de 3 litros (doble magnum o jeroboam según la tradición) y de 6 litros, que exigen un vidrio mucho más grueso, un culote reforzado y un cierre de dimensiones especiales. El peso de estas botellas obliga a revisar el palé, la caja y el propio transporte; su coste unitario es alto y su público es reducido, pero el efecto sobre la imagen de la bodega es notable. En un vino ecológico premium, un formato grande bien ejecutado transmite una idea de autenticidad y de paciencia que encaja muy bien con el relato del producto.
En el caso de los ecológicos con burbuja, conviene apoyarse en el catálogo específico de botellas para cava y espumosos, porque la presión interna obliga a un vidrio reforzado y a un cierre con muselet. En el extremo opuesto, los formatos de 0,375 litros y los pequeños de 0,25 litros interesan al canal de hostelería, al cáterin y al consumo individual. Para vino ecológico, estos formatos tienen sentido sobre todo en blancos y rosados de consumo rápido, donde la relación entre superficie de contacto y volumen es más desfavorable y el cierre debe ser especialmente estanco. Como en todos los casos, la elección de formato se confirma según el proyecto y el análisis del vino.
Vidrio teñido, filtro UV y estabilidad del color
La luz es un enemigo silencioso del vino. La radiación ultravioleta y la luz visible de onda corta desencadenan reacciones que degradan los aromas y alteran el color, y ese efecto es más rápido cuando el vino tiene menos sulfitos. El vidrio teñido en verde, en ámbar o en tonos muy oscuros actúa como filtro natural y reduce la energía que llega al líquido. En vinos ecológicos expuestos a trayectos largos por carretera y a almacenes poco controlados, ese filtro es una protección real.
Existe también una familia de vidrios con filtro UV específico, como la que se recoge en la guía de vidrio teñido y protección UV, diseñados para bloquear una parte importante de la radiación ultravioleta manteniendo una apariencia relativamente clara. Son una opción interesante para rosados y blancos ecológicos en los que el aspecto visual del producto exige claridad pero la sensibilidad a la luz es alta. Este tipo de vidrio se combina a menudo con un cierre de alta barrera y con un control estricto del llenado para construir un envase coherente con la promesa «sin sulfitos».
Cabe recordar que el vidrio no protege del calor. Un vino ecológico sometido a temperaturas altas durante el transporte se degrada igual que cualquier otro. Por eso la logística forma parte del proyecto de envase: contenedores ventilados, evitando la exposición directa al sol y eligiendo rutas y temporadas de embarque razonables. Un envase excelente no compensa una cadena logística descuidada.
Etiquetado ecológico y trazabilidad de lote
La etiqueta de un vino ecológico debe comunicar la condición del producto sin ambigüedad. El número de operador ecológico, el organismo de control y el logotipo europeo de producción ecológica son elementos habituales en el mercado comunitario. En exportación, conviene además incluir la información que cada país exige: contenido alcohólico, volumen, alérgenos, sulfitos cuando superan el umbral establecido, ingredientes cuando la normativa del destino lo requiera e información del importador o distribuidor responsable.
La trazabilidad no es solo una obligación: es una herramienta comercial. Un importador que puede demostrar a su cliente final de dónde viene cada botella, con qué lote de vidrio y con qué lote de tapón, tiene una posición mucho más sólida frente a una reclamación. Por eso conviene definir desde el principio un sistema de codificación de lote que cubra botella, cierre, etiqueta y palé, y que permita reconstruir la historia completa de cualquier partida.
El marcado de la botella merece un comentario aparte. La serigrafía directa sobre vidrio ofrece una resistencia alta y un aspecto premium muy valorado en vinos ecológicos. Cuando se opta por serigrafía, hay que verificar la conformidad de las tintas y los esmaltes con el marco de materiales en contacto con alimentos y con los requisitos de reciclabilidad. El grabado por láser y el esmerilado son alternativas sin tinta, con un efecto visual excelente para ediciones limitadas.

Un sistema de codificación por lote permite reconstruir la historia de cualquier partida exportada.
Compatibilidad con líneas de llenado y lavado
Uno de los errores más caros en un proyecto de vino ecológico es elegir la botella sin comprobar su comportamiento en la línea de llenado. La altura total, el diámetro del cuerpo, el diámetro y el remate del cuello y la masa de la botella determinan si el envase circula bien por los transportadores, si entra correctamente en la llenadora y si el taponado se realiza sin incidencias. Una diferencia de milímetros puede obligar a cambiar guías, estrellas o cabezales de taponado.
El lavado y el enjuague también importan. En un vino sin sulfitos, cualquier residuo de agua o de producto de limpieza que quede dentro de la botella puede comprometer el sabor y favorecer alteraciones microbiológicas. Un buen enjuague y un secado correcto antes del llenado son tan importantes como la calidad del vidrio. Algunos proyectos optan por botellas que llegan protegidas con film o en caja cerrada para reducir la contaminación durante el almacenamiento previo.
Cuando el volumen es alto, conviene hacer una prueba de línea completa antes de comprometer la producción: llenado, taponado, capsulado, etiquetado y encajado. Esa prueba revela problemas que ningún plano puede anticipar y permite ajustar la botella antes de fabricar miles de unidades. En proyectos de marca propia y de envasado por cuenta, esta fase de validación es obligatoria antes de pasar a la producción en serie.
Logística, paletización y puertos de destino
El transporte del vidrio es una parte del coste que a menudo se subestima. La paletización bien diseñada —con palé europeo o EPAL, con separadores y con un encajado que aproveche la huella del contenedor— reduce la rotura y maximiza la carga en cada contenedor. Los palés deben ir flejados y, cuando el trayecto lo exige, con esquineros y film retráctil para evitar movimientos durante el viaje marítimo.
La madera de embalaje debe cumplir la norma ISPM 15 con su tratamiento y marcado correspondiente, requisito habitual en los destinos de América Latina y en Estados Unidos. Para las bodegas del sur de España, los puertos naturales de salida son Algeciras y Valencia; para las del norte, pueden tener sentido otros puertos según la ruta. En destino, Veracruz y Manzanillo en México, Cartagena en Colombia, Callao en Perú y San Antonio en Chile son algunas de las puertas de entrada más frecuentes.
Los Incoterms definen quién asume el flete, el seguro y el riesgo a lo largo del trayecto. El FOB y el CIF son los más habituales en este tipo de operación: con FOB, el comprador organiza el transporte marítimo y el seguro; con CIF, el vendedor los incluye hasta el puerto de destino convenido. La elección depende del conocimiento logístico del comprador y de su capacidad para negociar tarifas con las navieras.
Cómo elegir proveedor y pedir muestras
La homologación de un proveedor de botellas para vino ecológico se apoya en unos pocos documentos concretos: ficha técnica del envase con cotas y tolerancias, certificado de conformidad con el marco de materiales en contacto con alimentos, declaración de conformidad de tintas y esmaltes cuando se serigrafía, y muestras físicas para evaluar el color, el peso y el acabado. A esto se añade, en proyectos de marca propia, la capacidad del proveedor de gestionar moldes y de mantener la repetibilidad entre pedidos.
La petición de muestras debe ser concreta. Conviene indicar el tipo de vino, el formato, el color de vidrio deseado, el cierre previsto y el mercado de destino, para que el proveedor pueda proponer una solución coherente en lugar de una botella genérica. Si el proyecto busca una botella propia, el punto de partida es el servicio de botellas de vino personalizadas, y es útil aportar referencias visuales y datos de la línea de llenado. Toda propuesta de utillaje, mínimos y plazos se confirmará según el proyecto, una vez analizadas las necesidades reales.
Un último consejo práctico: no decida la botella en solitario. La mejor solución para un vino ecológico nace del diálogo entre la bodega, el enólogo, el responsable de la línea de llenado, el diseñador de la etiqueta y el proveedor de vidrio. Cuando las cinco partes trabajan sobre el mismo pliego de condiciones, el resultado es un envase que protege el vino, encaja en la línea y comunica bien en el lineal. Cuando alguna falta, el precio se paga más tarde, en forma de roturas, devoluciones o un vino que envejece antes de tiempo.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre vino ecológico y vino sin sulfitos?
El vino ecológico procede de uva cultivada y elaborada según el reglamento de producción ecológica, y puede llevar una cantidad limitada de sulfitos, inferior a la permitida en el vino convencional. El vino sin sulfitos añadidos es una categoría distinta: no se le añade anhídrido sulfuroso durante la elaboración, aunque puede contener una pequeña cantidad de sulfitos de origen natural generada por la propia fermentación. Los dos planteamientos pueden coincidir, pero no son sinónimos.
¿Por qué el vino ecológico necesita un vidrio más grueso?
Porque con menos sulfitos el vino tolera peor la entrada de oxígeno y la acción de la luz. Un vidrio más grueso y teñido ofrece mayor resistencia mecánica durante el transporte y filtra mejor la radiación que acelera la oxidación, de modo que el envase compensa parte de la protección que en un vino convencional aporta el SO₂.
¿Qué cierre es mejor para un vino sin sulfitos añadidos?
No existe un cierre único mejor. El corcho natural seleccionado aporta prestigio y permite la evolución en guarda, pero exige control de calibre y permeabilidad. Los tapones técnicos ofrecen prestaciones más homogéneas y son muy adecuados para consumo relativamente rápido. El tapón de rosca proporciona la estanqueidad más alta y una apertura cómoda, y funciona bien cuando el posicionamiento del producto lo acepta.
¿El vidrio teñido afecta al sabor del vino?
El vidrio es químicamente inerte y no cede sabor ni olor al vino. La función del color es filtrar la luz: un vidrio más oscuro o con filtro UV reduce la energía luminosa que llega al líquido y frena las reacciones de oxidación y la pérdida de aromas, especialmente importantes en vinos blancos y rosados con pocos sulfitos.
¿Se puede pedir una botella con diseño propio para una marca ecológica?
Sí. Un proyecto de botella propia requiere definir la forma, el color, la capacidad y el acabado, y después desarrollar el molde correspondiente. El utillaje, los mínimos de pedido y los plazos de desarrollo se confirman según el proyecto, porque dependen de la complejidad del diseño y del volumen previsto. En proyectos pequeños suele ser más rápido partir de un catálogo existente y personalizar el acabado.
¿Qué documentos debe aportar el proveedor de envases?
Como mínimo, la ficha técnica del envase con cotas y tolerancias, la declaración de conformidad con el marco europeo de materiales en contacto con alimentos, incluido el reglamento (UE) 10/2011 cuando corresponda, y las muestras físicas. Si hay serigrafía, se añade la información sobre tintas y esmaltes. En proyectos de exportación pueden pedirse además certificados de lote y datos de trazabilidad.
¿Cómo se transporta el vino ecológico a América Latina?
Con paletización optimizada, palé europeo o EPAL, separadores y flejado, y con madera de embalaje tratada conforme a la norma ISPM 15. Los embarques suelen salir desde Algeciras o Valencia hacia puertos como Veracruz, Manzanillo, Cartagena, Callao o San Antonio. Los Incoterms FOB y CIF definen quién asume el flete, el seguro y el riesgo durante el trayecto.
¿El formato magnum mejora la conservación del vino ecológico?
En general sí. En un formato mayor, la relación entre el oxígeno disponible y el volumen de vino es más favorable, y la evolución es más lenta. Un magnum de 1,5 litros bien cerrado puede mantener un tinto ecológico de guarda en buenas condiciones durante más tiempo que la misma botella de 0,75 litros, siempre que se almacene en condiciones adecuadas de temperatura y oscuridad.
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