Puntos clave
- Los untables y los patés reúnen en una sola familia productos con exigencias opuestas: una crema de cacao estable a temperatura ambiente, un paté que necesita frío y una sobrasada que debe conservar su textura untable.
- La boca ancha y el vacío son inseparables en esta categoría: la boca permite untar y rellenar, y el vacío protege una grasa que se oxida con facilidad y que absorbe olores del ambiente.
- El medio graso hace del untable un producto especialmente sensible a la luz y al aire; el vidrio con color y un cierre hermético son la primera barrera de conservación.
- La pasteurización y la esterilización, junto con la cadena de frío, deciden la vida útil. Mínimos, utillaje y plazos se confirman siempre según el proyecto.
El untable es una de las categorías más amplias y más dispares del lineal de alimentación. Bajo esa palabra conviven una crema de cacao y avellana que se conserva meses en la despensa, un paté fresco que apenas aguanta unas semanas en frío, una sobrasada que mantiene su textura untable sin refrigeración y una crema de queso que depende por completo de la cadena de frío. Cada uno de esos productos tiene un pH, una actividad de agua, un contenido graso y un tratamiento térmico distintos, y sin embargo todos comparten una misma exigencia de envase: un tarro de vidrio de boca ancha, con un cierre hermético y con una superficie que permita ver y untar el producto.
Esa aparente contradicción es la clave del negocio. El tarro de untables no se elige por el producto en general, sino por el producto concreto: su textura, su conservación, su forma de consumo y su canal de venta. Un tarro de crema de cacao de 500 g que se consume en el desayuno familiar tiene requisitos muy distintos de un tarro de foie de 120 g que se vende en una tienda gourmet y se consume en una sola comida. Elegir el envase correcto para cada caso es lo que separa una línea rentable de una línea con mermas y reclamaciones.
Esta página reúne los criterios que conviene cerrar antes de pedir una oferta de tarros de untables y patés al mayoreo: la elección de boca y de cierre, la relación entre el producto y el tratamiento térmico, la cadena de frío, la protección frente a la oxidación y a la luz, el vidrio como barrera de aromas, los formatos de venta y la logística hasta el punto de destino.

Una familia de tarros de vidrio de boca ancha cubre desde la crema de cacao hasta el paté: la misma lógica de apertura y de cierre en distintos volúmenes.
Untables y patés: una categoría con exigencias opuestas
La primera decisión en un proyecto de untables es separar el producto en dos grandes mundos. En el primero están los untables estables, que se conservan a temperatura ambiente y no necesitan frío: la crema de cacao, la crema de cacahuete, la crema de queso en formatos tratados térmicamente, algunas mermeladas muy azucaradas. En el segundo están los untables frescos, que dependen de la cadena de frío: el paté, la mayoría de las mousses, los untables de queso fresco y las cremas con alto contenido en agua.
Esta diferencia lo cambia todo. Un producto estable a temperatura ambiente admite un envasado sin frío, tolera un almacenamiento largo y permite una distribución más amplia; un producto fresco exige un tratamiento térmico que active el tiempo de conservación y, después, un control de temperatura en toda la cadena. El envase debe acompañar cada uno de esos recorridos: el mismo tarro de vidrio sirve para ambos, pero el cierre, el nivel de vacío y el proceso de llenado son distintos.
La segunda separación es por textura. Un untable fluido, como una crema de cacao recién batida o una salsa untable, fluye y se asienta en el tarro con facilidad; un untable denso, como una sobrasada o un paté de campaña, no fluye y debe depositarse con cuidado para evitar huecos de aire. En los productos densos, la boca ancha es imprescindible para que la masa entre sin dejar bolsas de aire, porque una bolsa de aire atrapada durante el llenado se convierte en un punto de oxidación y en un defecto visible en la superficie del producto.
La tercera separación es por canal. Un untable de gran consumo, vendido en supermercado y consumido a diario, necesita un tarro económico, fácil de apilar y de reponer; un untable gourmet, vendido en tienda especializada o en caja de regalo, admite un tarro de vidrio grueso, con decoración y con una tapa de acabado cuidado. La misma categoría de producto puede vivir en dos envases completamente distintos según el segmento, y esa decisión se toma antes de definir la forma.
Crema de cacao y avellana: el producto emblemático del tarro
La crema de cacao y avellana es el untable que más se identifica con el tarro de vidrio de boca ancha, y también el que impone más exigencias a la línea de envasado. Se trata de una emulsión de azúcar, grasa vegetal, cacao y avellana, con una textura cremosa a temperatura ambiente y una viscosidad que cambia con la temperatura: fluye cuando está caliente y se vuelve casi sólida cuando está fría. Esa variación obliga a controlar la temperatura de llenado con precisión, porque un producto demasiado frío no fluye y deja huecos, y uno demasiado caliente llena en exceso y se contrae al enfriar, dejando un espacio de cabeza mayor de lo previsto.
El componente graso hace de la crema de cacao un producto sensible a la oxidación y a la absorción de olores. Si el cierre no es hermético, la grasa se oxida lentamente y aparece un sabor a rancio que el consumidor detecta con claridad; si el tarro se almacena junto a productos aromáticos, la grasa absorbe esos aromas y el producto pierde su perfil. El vidrio es el envase ideal en ambos frentes, porque es una barrera total frente al oxígeno y frente a los aromas, y porque no cede ningún olor propio.
La luz es el tercer factor. La grasa y los pigmentos del cacao se degradan con la radiación, y por eso las cremas de cacao de alta gama suelen envasarse en vidrio con cierta protección, en tarros esmerilados o vidrio incoloro. La elección entre vidrio transparente —que muestra la textura y el color del producto— y vidrio teñido o esmerilado es un equilibrio entre imagen y conservación. En formatos grandes de uso familiar, el vidrio incoloro es la opción mayoritaria; en formatos pequeños y premium, el vidrio con color o el esmerilado aportan un plus de protección y de gama.
La presentación también importa. La crema de cacao se unta con cuchillo y se sirve a menudo directamente del tarro, de modo que el borde del tarro queda a la vista durante toda la vida del producto. Un labio bien mecanizado, sin rebabas y con un acabado regular, es un detalle que el consumidor percibe y que comunica calidad. La tapa, además, debe resistir las aperturas repetidas sin aflojarse, porque en un producto de uso diario el tarro puede abrirse y cerrarse decenas de veces.
Paté, foie y mousses en vidrio
El paté es el otro gran producto de esta familia, y su envase responde a una lógica distinta. Se trata de un producto cárnico emulsionado, con un contenido de grasa elevado, una actividad de agua baja y una textura firme que debe conservarse intacta. El paté se envasa tradicionalmente en vidrio porque el tarro permite ver el producto, porque la grasa no reacciona con el material y porque el tratamiento térmico en el propio envase garantiza la conservación. Es una de las categorías donde el vidrio tiene menos competencia.
El paté y la terrina se llenan a menudo en caliente, se cierran y se someten a un tratamiento térmico que puede ser una pasteurización o una esterilización, según el producto y la vida útil prevista. La boca ancha es casi obligatoria, porque permite llenar la masa sin dejar huecos y porque permite después extraer el producto con cuchillo o con espátula. El tarro debe tener un diámetro interior regular y una base plana, para que el paté conserve una forma limpia y se desmolde con facilidad si el proyecto lo plantea.
El foie y las mousses de pato llevan la exigencia un paso más allá. Se trata de productos de alto valor, con una textura muy delicada y una presentación que es parte del atractivo. El tarro de foie suele ser pequeño, de 120 a 200 g, de vidrio fino y con una superficie cuidada, y la tapa se elige con frecuencia en formato de metal o con una presentación especial. En estos productos, la transparencia del vidrio no es solo un argumento comercial: permite al consumidor comprobar el color y la integridad de la pieza antes de abrir el envase, algo especialmente valioso en una compra de alto precio.
El proceso térmico del paté en tarro de vidrio tiene un punto crítico: el enfriamiento. La grasa se contrae al enfriarse y genera el vacío que mantiene la tapa pegada al labio, pero si el enfriamiento es demasiado rápido o irregular, la superficie del producto puede agrietarse o separarse del vidrio, y aparecen defectos que el consumidor interpreta como deterioro. Controlar la curva de enfriamiento y elegir un vidrio de pared uniforme y bien recocido son las dos claves para evitarlo.

La boca ancha es la seña de identidad de la familia de untables: facilita el llenado sin huecos, el untado con cuchillo y el vaciado completo del tarro.
Sobrasada y embutidos untables de la despensa mediterránea
La sobrasada es el ejemplo perfecto de untable mediterráneo: un embutido crudo curado, con pimentón, textura untable y una conservación que no depende del frío si el producto está bien elaborado y bien envasado. Su envase tradicional es el tarro de vidrio de boca ancha, o la lata, y en los últimos años el vidrio ha ganado terreno porque permite ver el producto y porque transmite una imagen más natural y artesanal.
La sobrasada es un producto graso, con un contenido elevado de grasa y de pimentón, y eso la hace sensible a la oxidación y a la pérdida de aroma. El envase debe protegerla del aire y de la luz, y el cierre debe mantener el vacío o al menos una atmósfera controlada durante meses. En formatos de consumo familiar se trabaja con 200 a 400 g, con boca ancha y con una tapa que permita abrir y cerrar varias veces, porque la sobrasada se consume a lo largo de varios días o semanas.
El untable de queso, la crema de queso azul, la pasta de aceituna y el tapenade siguen una lógica similar. Son productos con agua, grasa y sal, y con una textura que debe mantenerse cremosa. En algunos casos se les aplica un tratamiento térmico suave, en otros se conservan con frío, y en todos ellos la boca ancha y el cierre hermético son la base. El tapenade y la pasta de aceituna son especialmente sensibles a la oxidación del aceite, y por eso el envase con buen vacío y con protección frente a la luz marca la diferencia en la vida útil.
Hay un detalle de diseño que comparten todos estos productos. El consumidor suele untar directamente sobre la superficie del producto, de modo que la superficie debe quedar lo más plana y uniforme posible después del llenado. Un llenado con ondulaciones o con huecos no solo afecta a la conservación, sino que se ve en el tarro y comunica descuido. En productos gourmet, la superficie del untable es parte de la presentación y merece una atención especial en la línea de llenado.
Boca ancha y vacío: dos decisiones inseparables
En untables, la boca ancha no es una preferencia estética, es una necesidad funcional. El producto se unta con cuchillo o con espátula, y la clienta necesita que la herramienta entre con comodidad, que el borde no se ensucie y que el tarro se pueda vaciar por completo. Una boca estrecha obliga a maniobras incómodas, deja producto en las paredes y en las esquinas, y convierte cada uso en un pequeño esfuerzo. Por eso la familia de untables se define casi siempre con bocas de 63, 70, 82 mm o incluso diámetros mayores en formatos grandes.
El vacío es la otra cara de la moneda. En un producto graso, el vacío cumple dos funciones: expulsa el oxígeno que oxidaría la grasa y mantiene la tapa firmemente pegada al labio, de modo que el consumidor percibe la integridad del envase al abrirlo. Un tarro de untable que no hace el sonido de succión al abrir transmite dudas sobre su conservación, y esa percepción, aunque sea subjetiva, tiene un efecto real en la confianza y en la repetición de compra.
Para conseguir un vacío estable hay que controlar tres variables: la temperatura de llenado, el par de apriete de la tapa y la planitud del labio del tarro. En llenado en caliente, el producto se cierra a temperatura elevada y, al enfriarse, reduce su volumen y genera la depresión interior. En llenado en frío, el vacío se consigue con un cierre al vacío o con una inyección de vapor que desplaza el aire antes de cerrar. En ambos casos, la regularidad del labio es determinante, porque una irregularidad mínima en la circunferencia de sellado se traduce en una fuga que el vacío no perdona.
La elección del sistema de cierre depende del producto y del canal. La tapa de rosca metálica es el estándar para untables y patés, porque ofrece buen sellado y un par de apertura controlado. La tapa twist-off, habitual en conservas, es una opción cuando el producto se esteriliza. Y la tapa de presión o el cierre hermético tipo clip se reservan a formatos tradicionales, a productos artesanos y a presentaciones de regalo. La compatibilidad entre boca, tapa y sistema de sellado se detalla en la página de boca y tipo de cierre de vidrio.
Pasteurización y esterilización en untables
El tratamiento térmico es lo que define la vida útil de un untable. La pasteurización, con temperaturas por debajo de 100 °C, se aplica a productos que se van a conservar en frío y que necesitan una reducción de la carga microbiana suficiente para unas semanas de vida útil. Es habitual en patés frescos, en mousses y en untables de queso que se distribuyen refrigerados.
La esterilización, con temperaturas por encima de 100 °C, se aplica a productos que deben conservarse a temperatura ambiente durante meses, como algunas cremas de untar tratadas térmicamente, determinados patés de larga vida y productos enlatados o envasados en vidrio con tratamiento en autoclave. El vidrio es el material de referencia para este proceso, porque resiste el calor, no se deforma y no cede sustancias al producto.
El reto del vidrio en la esterilización es el choque térmico. Durante el calentamiento y, sobre todo, durante el enfriamiento, la pared sufre un gradiente entre la superficie y el interior, y cualquier tensión residual del conformado o cualquier irregularidad del espesor puede convertirse en una fisura. Por eso los tarros destinados a esterilización se especifican con un vidrio de buena resistencia al choque térmico y con un recocido correcto, y el ciclo térmico se ajusta al formato para que el punto más frío alcance la letalidad necesaria sin someter al envase a un salto excesivo.
El diseño del tarro también influye en la eficiencia del tratamiento. Un tarro con base plana y con una relación adecuada entre superficie y volumen transmite el calor más rápido y permite ciclos más cortos, lo que protege la textura del producto. Un tarro demasiado compacto o con paredes muy gruesas tarda más en calentar el centro y exige un ciclo más largo, que puede degradar la grasa y el sabor. La elección entre un formato alto y estrecho y un formato bajo y ancho es, en parte, una decisión de proceso y no solo de imagen.
Cadena de frío y vida útil
Para los untables frescos, la cadena de frío es tan importante como el envase. Un paté o una mousse que se rompe la cadena de frío se deteriora en pocas horas, y el mejor tarro del mundo no lo puede evitar. Por eso el proyecto debe definir desde el principio si el producto es refrigerado o estable, y esa decisión condiciona el envase, el etiquetado y la distribución.
La vida útil de un untable depende de varios factores: el tratamiento térmico aplicado, la actividad de agua, el pH, el contenido de sal y de azúcar, la presencia de conservantes cuando la normativa lo permite y las condiciones de almacenamiento. Un producto con baja actividad de agua, como una sobrasada curada, puede conservarse meses a temperatura ambiente; un paté fresco con alto contenido en agua necesita frío y una vida útil corta. El envase contribuye manteniendo el vacío y bloqueando el oxígeno, pero no sustituye al tratamiento ni al frío.
El etiquetado debe indicar con claridad la fecha de consumo preferente y las condiciones de conservación: temperatura ambiente, refrigeración o consumo inmediato tras la apertura. Muchos untables frescos indican que, una vez abiertos, deben consumirse en un plazo determinado y mantenerse refrigerados. Esa información, además de ser obligatoria, orienta al consumidor y reduce las reclamaciones por mal uso.
El control del vacío se mantiene durante toda la vida útil mediante muestreo sobre lotes de distintas fechas y ensayos acelerados de envejecimiento. Estos ensayos permiten comprobar que el cierre resiste el paso del tiempo y que el producto mantiene sus propiedades organolépticas. En untables de alto valor, como el foie o un paté premium, esa validación es parte del proceso de desarrollo y se realiza antes de comprometer grandes volúmenes de producción.
Oxidación y protección frente a la luz
La oxidación es el enemigo silencioso de los untables grasos. Las grasas reaccionan con el oxígeno y forman compuestos que alteran el sabor y el aroma, y ese proceso se acelera con la luz, con el calor y con la presencia de metales. El vidrio es una barrera total frente al oxígeno del ambiente, de modo que el único oxígeno que puede dañar el producto es el que queda atrapado en el interior del tarro, en el espacio de cabeza. Reducir ese espacio de cabeza y conseguir un buen vacío son las dos estrategias para minimizar el problema.
La luz actúa por otra vía. La radiación ultravioleta y parte de la luz visible aceleran la oxidación de las grasas y degradan los pigmentos, y por eso los productos grasos se benefician de un envase que filtre la radiación. El vidrio ámbar y el vidrio verde ofrecen una protección significativa, y el vidrio con color en masa mantiene esa protección durante toda la vida del envase. El vidrio incoloro, en cambio, deja pasar la luz y solo protege si el producto se almacena en un lugar oscuro o dentro de una caja.
La decisión entre vidrio transparente y vidrio teñido es un equilibrio entre mostrar el producto y protegerlo. Un paté de color apetecible gana con un vidrio transparente, porque el consumidor ve el producto y confía; una crema de cacao con cacao muy aromático puede beneficiarse de un vidrio esmerilado o con color, que la protege y al mismo tiempo da una imagen de calidad. En productos de larga vida, la protección frente a la luz pesa más; en productos de consumo rápido, la transparencia pesa más. Las opciones de vidrio con protección se amplían en la página de tarros de mermelada al mayoreo, donde se detallan los criterios de color y de acabado.

El vidrio protege la grasa de los untables frente al oxígeno y a los olores del ambiente, y permite que el consumidor vea la textura del producto antes de comprarlo.
El vidrio como barrera de aromas en productos grasos
Los productos grasos tienen una propiedad poco conocida: absorben aromas del entorno. Una crema de cacao almacenada junto a un producto con olor fuerte puede adquirir ese olor, porque la grasa actúa como disolvente de los compuestos volátiles. Del mismo modo, un untable puede perder sus propios aromas si el envase no retiene los volátiles. El vidrio es la mejor barrera frente a ambos fenómenos, porque es impermeable y químicamente inerte: no deja entrar aromas externos ni deja escapar los propios.
Esa función de barrera es uno de los argumentos técnicos más sólidos a favor del vidrio frente a otros materiales. Los envases plásticos, aunque cumplan su función mecánica, tienen una permeabilidad mayor a los gases y a los compuestos volátiles, y con el tiempo pueden producir pérdidas de aroma o transferencias de olor. En productos de vida útil larga y de perfil aromático definido, esa diferencia se nota. El vidrio mantiene el perfil aromático intacto desde el envasado hasta el consumo.
La tapa forma parte de esa barrera. La junta de la tapa debe ser compatible con el producto y no absorber ni ceder aromas, y el cierre debe mantener su hermeticidad durante toda la vida útil. En productos con aceites esenciales o con aromas intensos, conviene validar el conjunto tarro-tapa con el producto real, porque algunos materiales de junta pueden interactuar con compuestos volátiles y alterar el perfil. La elección de la junta es, por tanto, tan importante como la elección del vidrio.
Un último aspecto práctico: la limpieza del tarro antes del llenado. Cualquier residuo de olor o de producto en el interior del tarro puede contaminar el untable y transmitir un aroma ajeno. En productos grasos, donde el aroma es un atributo central, la limpieza del envase forma parte del control de calidad y debe verificarse con el mismo rigor que otras propiedades. Los tarros de untables comparten familia de boca y de cierre con otros tarros alimentarios del catálogo, como los de conservas y encurtidos al mayoreo, los de mostaza y condimentos y los de salsa con cierre twist-off, lo que permite unificar tapas y simplificar el aprovisionamiento.
Formatos y raciones: monodosis, 120 g, 200 g y 500 g
Los formatos de untables se organizan por ocasión de consumo. La monodosis, de 20 a 40 g, se usa en hostelería, en cáterin aéreo y en servicios de desayuno, donde se busca una ración individual, higiénica y fácil de servir. El formato de 120 a 200 g es el de consumo individual o de pareja, habitual en patés, foie y untables gourmet; el de 200 a 400 g cubre el consumo familiar de patés y sobrasada; y el de 400 a 500 g o más es el formato de crema de cacao y de untables de gran consumo, donde el tarro se abre casi a diario.
La tabla siguiente ordena los tipos de untable más habituales y los cruza con su formato y boca, su tratamiento, su conservación y su canal de uso. La primera columna es el criterio que gobierna la elección del envase.
| Tipo de untable | Formato y boca | Tratamiento | Conservación | Canal o uso |
|---|---|---|---|---|
| Crema de cacao y avellana | 400 a 500 g, boca ancha | Llenado en caliente con control de temperatura | Temperatura ambiente, protegida de la luz | Gran consumo, desayuno familiar |
| Crema de cacao blanco | 200 a 400 g, boca ancha | Llenado en caliente | Temperatura ambiente | Retail, repostería doméstica |
| Paté de hígado | 120 a 200 g, boca ancha | Pasteurización o esterilización | Refrigerado o ambiente según proceso | Retail, hostelería, aperitivo |
| Paté de campaña y terrina | 200 a 400 g, boca ancha | Esterilización en autoclave | Ambiente, larga vida | Retail, despensa, mesa |
| Mousse de pato y foie | 120 a 200 g, formato pequeño | Pasteurización suave | Refrigerado, vida útil corta | Gourmet, tienda especializada |
| Sobrasada untable | 200 a 400 g, boca ancha | Curado, sin tratamiento térmico severo | Ambiente si está bien curado | Retail, despensa mediterránea |
| Crema de queso para untar | 150 a 250 g, boca ancha | Pasteurización | Refrigerado | Retail, desayuno, hostelería |
| Mantequilla aromatizada | 100 a 250 g, boca ancha | Sin tratamiento, envasado en frío | Refrigerado o congelado | Gourmet, hostelería, mesa |
| Crema y manteca de cacahuete | 300 a 500 g, boca ancha | Llenado en caliente o en frío | Ambiente | Gran consumo, deporte, desayuno |
| Tapenade y pasta de aceituna | 150 a 250 g, boca ancha | Pasteurización | Refrigerado tras la apertura | Gourmet, aperitivo, hostelería |
| Monodosis de untable y paté | 20 a 40 g, boca ancha mini | Esterilización o pasteurización | Según proceso | HoReCa, cáterin, bandeja |
La lectura de la tabla sigue una jerarquía sencilla: el producto determina el tratamiento, el tratamiento determina la conservación y la conservación determina el canal. El envase se elige al final, pero condiciona todos los pasos, porque de la boca depende la llenadora, del diámetro depende la taponadora y de la altura depende el túnel o el autoclave. Cambiar de formato a mitad de proyecto obliga a repetir validaciones y a ajustar utillaje, con el coste y el retraso que eso implica.
Paletización, etiquetado y puertos de destino
La logística de un pedido de tarros de untables combina dos características: el producto es pesado y el llenado en destino puede exigir un manejo cuidadoso. El palet se configura con la huella de la caja, el peso por caja y la altura máxima admitida por el transporte, y se optimiza para llenar el contenedor sin dejar aire, respetando el límite de peso. En untables de gran consumo, donde los formatos son grandes y el peso por caja es elevado, la limitación de peso suele llegar antes que la de volumen.
El etiquetado de los untables está sujeto a exigencias estrictas. En la Unión Europea debe indicar la denominación del producto, la lista de ingredientes, el contenido neto, la fecha de consumo preferente, las condiciones de conservación y la información nutricional, además de los alérgenos. En América Latina, México aplica sus disposiciones de etiquetado y de información al consumidor, Colombia exige el registro sanitario correspondiente, y Chile, Perú y Argentina tienen sus propios requisitos. Para el importador, la superficie de etiquetado del tarro debe ser amplia y regular, y el diseño gráfico debe reservar el espacio para toda la información obligatoria.
El flejado y el retractilado completan la unidad de carga, y la madera de embalaje debe cumplir la norma ISPM 15 y llevar su marca. El transporte marítimo en contenedor es la vía habitual para pedidos de volumen: desde puertos mediterráneos españoles como Algeciras o Valencia hacia Veracruz y Manzanillo en México, Cartagena y Buenaventura en Colombia, San Antonio en Chile y Callao en Perú. Los Incoterms FOB y CIF son los más usados y definen quién asume el flete y el seguro.
Para reducir las mermas conviene controlar la humedad y la temperatura dentro del contenedor. La condensación que se produce con las variaciones térmicas entre el día y la noche puede afectar al cartón y, en casos extremos, al cierre de los tarros. El uso de desecantes, de revestimientos interiores y de una ventilación adecuada reduce el riesgo. Todas estas decisiones se documentan en el pliego de embalaje y se coordinan con el cliente antes de embarcar.
Preguntas frecuentes
¿Qué boca se recomienda para un tarro de untable o de paté?
La boca ancha, habitualmente de 63, 70 u 82 mm, porque el producto se unta con cuchillo o con espátula y el consumidor necesita acceder a toda la superficie y vaciar el tarro por completo. Además, la boca ancha facilita el llenado de masas densas sin dejar huecos de aire, algo importante en patés y sobrasadas.
¿Por qué el vacío es tan importante en un untable graso?
Porque la grasa se oxida con el oxígeno y absorbe los olores del ambiente. El vacío expulsa el aire residual del tarro, protege el producto de la oxidación y mantiene la tapa pegada al labio, de modo que el consumidor percibe la integridad del envase al abrirlo. Un vacío mal formado acorta la vida útil y altera el sabor.
¿Qué diferencia hay entre pasteurizar y esterilizar un untable?
La pasteurización trabaja por debajo de 100 °C y se aplica a productos refrigerados de vida útil corta o media, como patés frescos y mousses. La esterilización supera los 100 °C y permite conservar el producto a temperatura ambiente durante meses. El vidrio resiste ambos procesos, siempre que tenga buena resistencia al choque térmico y un recocido correcto.
¿La crema de cacao necesita refrigeración?
No, la crema de cacao y avellana se conserva a temperatura ambiente porque su bajo contenido de agua y su composición grasa dificultan el desarrollo microbiano. Lo importante es protegerla de la luz y del calor excesivo, y mantener un cierre hermético para evitar la oxidación de la grasa y la absorción de olores del entorno.
¿Cómo se protege un untable de la oxidación y de la luz?
Reduciendo el espacio de cabeza y consiguiendo un buen vacío para expulsar el oxígeno, y eligiendo un vidrio que filtre la radiación cuando el producto es sensible. El vidrio ámbar o con color en masa protege durante toda la vida del envase, mientras que el vidrio incoloro solo protege si el producto se almacena en un lugar oscuro.
¿Los untables absorben olores de otros productos?
Sí. La grasa actúa como disolvente de los compuestos volátiles, de modo que un untable almacenado junto a un producto de olor fuerte puede adquirir ese olor y perder el propio. El vidrio es una barrera total frente a los aromas externos y no cede olor propio, lo que lo convierte en el envase de referencia para esta categoría.
¿Qué formatos se piden más al mayoreo en untables y patés?
La monodosis de 20 a 40 g para hostelería y cáterin, el formato de 120 a 200 g para patés y untables gourmet, el de 200 a 400 g para consumo familiar de patés y sobrasada y el de 400 a 500 g o más para crema de cacao y untables de gran consumo. La elección depende de la ocasión de consumo y del canal.
¿Cómo se envían los tarros de untables a América Latina?
Con paletización optimizada según la huella de la caja y el peso, madera de embalaje tratada conforme a la norma ISPM 15 y control de la humedad dentro del contenedor. Se embarca desde Algeciras o Valencia hacia Veracruz, Manzanillo, Cartagena, San Antonio o Callao, y los Incoterms FOB y CIF definen quién asume el flete y el seguro.
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